29 de abril de 2011

Azul Platónico.

El marfil en tu piel y el

colorado en tu alma.

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    Cada parpadeo es una vista hacia otro mundo, hacia ese recóndito lugar escondido en las profundidades de ese negro, negro pantano de debilidades. En la oscuridad supe recolectar todas y cada una de ellas, conocerlas por lo que realmente eran. Amarte a cada detalle, es más fácil que amarte en conjunto. Soñar despierta con tenerte al lado puede parecer extraño cuando, de hecho, estás al lado mío; pero sencillamente sólo refleja la unidad en la que te siento.. Y es que deshaces kilómetros de hielo gris para darme el fruto de todos mis caprichos, ¿cómo no adorar este privilegio exclusivo de tener ese fuego tuyo que no quema, ardiendo entre mis manos? Pero, ¿cómo no detestar furiosamente el frío de tu piel de mármol?
    Si todo es discutible, y en tanto todo es filosofable ¿cómo es que todo siempre ha de reducirse a la relación entre el quiero y el puedo? Hoy no sé si puedo quererte, pero te quiero; aunque quizás, en realidad, sólo quiera amarte.
    Amarte. Amarte de a momentos, de a partes, de a fragmentos. Amarte de a virtudes, amarte de a defectos. Amarte en tu perfecta imperfección. Amarte en tus sueños, en tus despertares. Amarte sobre los vicios y amarte sobre todo juicio. Amarte sin razón, amarte sin un dios. Amarte sin perspectiva de no poder amarte, de no saber no amarte.
    Y amarte en esta tormenta emocional de odio, odiándote. Odiándote para toda la vida, tan sólo, por amarte.
    La luz
violeta de un relámpago cierra los capítulos de la vida, y sin embargo, es la luz misma la que todo en ella conecta. Los sentires son pasajeros cuando los sentimientos son amorales, de la misma manera en que la oscuridad expresa la ausencia de luz. Así entiendo que la parte mía que permanece oscura a tu ser, sólo puede resignarse a estar encandilada por la luz de tu fuego el resto de su existencia, en tanto odiará para siempre, secretamente, su falta de vivacidad.
    Por eso, quémame hasta las entrañas, ya soy tan insensible al dolor que me provocas. Carbonízame con el sonido de un trueno reactivo, estoy tan presa de la inacción. Incinérame hasta las cenizas, existo tan solo a tu lado. Abrásame hasta el mismísimo infierno, nadie tan merecido lo puede tener como yo. Adelante, compleméntame y brillemos en una llama infinita, hasta que volvamos a ser polvo
azulado de estrellas los dos. De lo contrario, siempre viviré en este azul platónico en que al mismo tiempo eres mi príncipe y esta tristeza imposible de color.

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