6 de mayo de 2009

Peter Pan.

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Plateado es el cielo, es mi cielo. Plateado como las estrellas. Siempre tan gris y triste, ahora resplandeciente por el brillo de tu ausencia. Fantasiosa paradoja es la necesidad de una unión, psicótico es el deseo de proyectarte. Miles de asociaciones ilícitas te traen a mis playas mentales. Te presté atención al regocijarte en tus hazañas, pero también te vi huir de tus responsabilidades con un tesón discutible. Cuánto empeño por no madurar, cuántas personalidades mías nos vieron marchitar. Aquella sucia realidad, esa pesadilla inexorable, donde mi reflejo se arriesga a perder el alma por el tuyo, es una versión corrosiva. Daña las superficies y los interiores, no distingue lo correcto de lo delirante. Ama lo que crea, pero no cree en lo que surge. Roza la subjetividad del mundo entero cuando inventa nuestro común, miente descaradamente y engaña hasta el más analítico. Busca concretarse, no guardarse en el fondo del aljibe. Y en aquella felicidad artificial, te encontré hasta en mi última alucinación. Quizás fuiste más mío que siempre, aunque sea por un rato. Tal vez seré tuya para siempre, aunque sea para un rato. Un momento donde no existan más bloqueos, donde yo sitie tu ciudad y vos sities la mía, obligándonos a no escapar de mi delirio, algún día tuyo. El tiempo nos llevó a exacerbar nuestros defectos y en mí, costumbres de las veinte. Propias infusiones de la noche, té de vodka y exterior de arpía, te perseguí con una navaja y me corrías con un tramontina. Me gritabas que me odiabas y me llamabas desesperado por tenerme. Te contesté a gritos mudos que te necesitaba. Nunca nos escuchamos realmente y así me echaste de tu conciencia. No había bipolaridad más grande que tu ciclotimia de convertirte en pirata y en Peter Pan a la vez. Jamás entenderé porqué uno daña lo que más quiere. Pero biológicamente no pudiste evitar el cambio, creciste y volviste a creer momentáneamente en Nunca Jamás. Sólo que no entendiste que los mundos no se podían cruzar y tu espada se hunde en mí, oxidada y enferma. Te delata tu hablar y tu complejo del tesoro. Desvaríos me provoca ese choque de nubes, quizá porque en el barco nunca llegó a buen puerto o tal vez porque nunca conocí a la calma anterior ni posterior a ésta plateada tormenta de vida y vicio que hace años, no abandona mis costas.

 

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